
"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo".
Oscar Wilde (1854-1900) Escritor británico.
Estoy con ganas de escribir. Frase común, pero debería sorprenderte; si me conocés aunque sea un poco, seguramente sabrás que mi fuerte no es escribir. Y si no lo sabías, bueno, ahora me conocés un poco más…
Quiero escribir alguna especie de reflexión que alivie un poco mi alma, que se encuentra muy agobiada mientras atraviesa estos momentos de mucho altibajo y poca llanura típicos de la adolescencia.
“Adolescencia”, ¡qué etapa de la vida tan compleja! Se debe llamar así justamente porque es la fase en la que más “adolecemos”, en la que más nos colgamos con historias que no tienen fin y nos preocupamos por problemas sin solución. ♪
Muchos adultos, ven a los adolescentes de hoy como seres indiferentes que no piensan nada, como pobres inútiles esclavos de la tecnología. No estoy para nada de acuerdo con ese punto de vista, creo que es en este período de nuestras vidas cuando más pensamos y analizamos sobre las situaciones que se nos presentan. Estamos en plena búsqueda de nuestra identidad, comenzamos a establecer poco a poco lo que queremos ser y también, por qué no, lo que queremos no ser. Pero la verdad es que mientras efectuamos esta búsqueda atravesamos una profunda crisis.*
No sé si seré la única, pero tengo la impresión de que siempre estoy buscándole el pelo al huevo. Tengo amigas maravillosas, una alta capacidad intelectual, un rendimiento físico regular que sin duda podría mejorar con sólo esmerarme un poco más, una familia un poco resquebrajada ahora, pero que me apoya siempre y quiere lo mejor para mí. Me estaría faltando nombrar en mi lista algún amorío característico de mi edad, que no está, pero francamente esa ausencia no simboliza problema alguno, por ahora, el problema son otras ausencias, pero bue.
Entonces la pregunta es ¿qué carajo me hace falta para ser feliz, para sentirme plena?, ¿qué tengo que hacer para llenar de una vez por todas el vacío en mi interior?
Ojo, no vayan a malinterpretarme, tampoco soy una persona constantemente infeliz, por supuesto que no. Cada día disfruto algún que otro momento junto a los quiero que me proporciona mucha alegría, pero como dije es sólo eso: momentos, instantes, tan fugaces a veces que casi no me dan tiempo a percibirlos.
Digging for the feel of something new ♪. Excavando para sentir algo nuevo. Eso era lo que sentía antes, pero ahora por ejemplo me sucede al revés: vivo deseando volver a vivir y sentir emociones y momentos que ya he experimentado antes y que no sé por qué razón siento que se me escaparon como agua entre los dedos.
El otro día, sin darme cuenta, me encontré añorando sucesos pasados hace ya un buen tiempo. Sin darme cuenta también, mis globos oculares se dieron una buena ducha bajo una inesperada lluvia de lágrimas que sobrevino como reacción de la acción de recordar los mencionados sucesos.
No lloré solamente por recordar, sino también porque acepté que ciertas circunstancias son irreversibles, y eso dolió y mucho.
Hablando con una muy querida amiga, que también está atravesando una de estas malditas crisis, le decía que era cuestión de acostumbrarse. Ella me dijo que no, que era cuestión de tiempo. Ojalá que sea como ella dice, porque la verdad es que no me quiero acostumbrar para nada a esta sensación de ausencias flotando a mi alrededor. Porque de pura ausencia me han dejado el corazón de ceniza, de para ausencia me han dejado los ojos sin estrellas, de pura ausencia me han dejado los pasos sin camino, de pura ausencia me han dejado rondando su recuerdo… de pura ausencia me partieron el alma en quién sabe cuántos pedazos.
Ahora mismo escucho desde mi habitación la propaganda de Coca Cola en la cual juntan al hombre más viejo del mundo con el más joven. “No te entretengas en tonterías, que las hay, y vete a buscar lo que te haga feliz, que el tiempo corre muy deprisa. He vivido 102 años y te aseguro que lo único que no te va a gustar de la vida es que te va a parecer demasiado corta. Estás aquí para ser feliz.”, esas fueron las palabras del anciano. ¿Tengo que tener 102 años para descubrir la tan ansiada felicidad?
¡NO! Dios quiera que no.
Sé en el fondo de mi alma que todas las respuestas que busco están en mi propio ser, pero cómo me cuesta ubicarlas. Tengo que cambiar mi actitud. Y eso lo sé hace muchísimo tiempo, pero hay alguna inexplicable razón que me lo impide, que es justamente yo misma. Esto es muy difícil de poner en palabras, trato de ser lo más clara posible. Lo que quiero decir es que el único obstáculo del hombre son sus propias limitaciones, y eso es lo que me pasa a mí. Me pasa algo parecido a lo que dice esta canción:
Hay un intruso dentro mío, que se queja y tiene frío, que ya no puede escribir. Que miente cuando quiero decir la verdad y dice la verdad cuando quiero mentir. Ya no se toma nada en serio, la verdad que es un misterio cómo pudo entrar en mí. A cada paso que da le falta espontaneidad, no se tiene confianza, dice todo que sí. Y cuando juega a la pelota no se anima a gambetear, juega para la tribuna, no juega para ganar... ♪
Según Einstein, estoy pasando la crisis de la incompetencia. Mi inconveniente es mi conformismo, mi pereza para encontrar las salidas. Es muy fácil ponerme triste, hacer largas reflexiones durante el día sobre mi situación, llorar y no hacer nada al respecto, como quien diría “seguir en la misma”. ¡Basta! No puedo pretender que las cosas cambien si siempre hago lo mismo, si siempre miro la vida a través del mismo cristal.
Tengo varios problemas, pero el principal es este persistente sentimiento de estar inconforme conmigo misma. A cada rato se me cruza la idea de que puedo mejorar mi vida, de que podría hacer muchísimo más por mí y por los que me rodean. Es como un constante zumbido en mi oreja, o más bien, en mi mente. Sé que puedo afrontar el desafío carpe diem pero y ¿por qué no lo hago? Si yo fuera uno de los siete pecados capitales sin duda alguna sería la pereza.
Nunca peleo por mi vida, esa es la verdad. Siempre prefiero lo fácil, eso es realidad. Depende de mí vivir como un ratón o como un gran león luchar ♪. Las palabras de Mariano Castro en esa canción son muy ciertas.
Hoy tomo la firme decisión de cambiar. Hoy opto por correrme de la parte más oscura boicoteadora que hay en mí, porque ya no quiero ser esa cobarde que dice todo que sí. Morir en vida es tan absurdo… ♪
INSOMNIO TIENE EL QUE NO ESTÁ DURMIENDO CON EL CAMPEÓN QUE HABITA EN SÍ.
Nota: Hoy por fin entendí el verdadero significado del último álbum de Pastillas, de las palabras de cada canción. Este grupo musical me inunda por completo, definitivamente es una pasión. ♥







simplemente una expresion:
ResponderBorrarWaaaaaaaaaaaaaaaaau!
vos sabes que lo mismo siento yo con respecto a toda la pulision que nos rodea ultimamente.
polucion*
ResponderBorrar